Colección Memoria de Hierro

La descomposición de un régimen

Boletín de la Unión General de Trabajadores de España, febrero de 1931

El Gobierno Berenguer se ha declarado ya impotente para continuar sosteniendo lo que, víctima de sus graves pecados, resulta de todo punto insostenible. La labor realizada por los hombres de la Unión General de Trabajadores y del Partido Socialista desde 1923 a la fecha, labor por la cual se nos han dirigido multitud de adjetivos injuriosos por quienes no acertaron a comprendernos a tiempo, mantuvo y acrecentó en el alma popular el sentimiento de protesta, que se manifestó de forma arrolladora inmediatamente que la prensa se vio libre de la odiosa censura, y a pesar de quedar sometida a las disposiciones del ilegal Código del Galo Ponte.

Siete años de dictadura, de silencio forzado, de contención de los sentimientos democráticos del país. Siete años de centros obreros clausurados, de arbitrariedades cometidas por alcaldes semianalfabetos y gobernadores sin otro criterio que el que se les ofrecía desde las alturas del poder. Siete años durante los cuales se ha producido el odioso impuesto llamado de utilidades, de desvalorización de la peseta, que es lo mismo que decir de reducción en los salarios. Siete años durante los cuales se han hecho negocios escandalosos a cuenta de los intereses del país, y la crisis de trabajo ha aumentado. Siete años de desprecio a un juramento prestado, de Constitución abolida, de desprecio a los anhelos más fundamentales de todo ciudadano consciente, no pueden arribar a puerto seguro, de mar encalmada, de tranquilidad y esperanzas halagadoras para el futuro, si este puerto no es el que pueda depararnos la transformación del régimen.

No ha sido el movimiento del 15 de diciembre producto de una imaginación calenturienta. No ha respondido a ningún mandato comunista, que las órdenes de Moscú no tienen fuerza de obligar en nuestro país. Las organizaciones obreras afectas a la Unión General de Trabajadores y al Partido Socialista, que se solidarizaron con el movimiento no tienen la menor relación con el comunismo ni se dejan arrastrar fácilmente por quienes no tengan sobre ella la autoridad que se conquista después de muchos años de servirles con toda lealtad y desinterés. El movimiento del 15 de diciembre, como los que puedan producirse si no se da plena satisfacción al país obrero, socialista y democrático, respondió al sentimiento revolucionario que se viene creando a fuerza de soportar injusticias y por el ansia justificadísima de respirar con mayor libertad.

España no es la encarnación del régimen monárquico ni quienes a su servicio se encuentran. España, la España de hoy, la que se viene engendrando desde la restauración borbónica, pero muy especialmente durante los últimos siete años, es la que está compuesta por los trabajadores de toda clase de actividades, la de los intelectuales y de los manuales. La España de hoy es la de los ciudadanos que tienen conciencia de su ciudadanía, de su dignidad. Para esta España, que, afortunadamente, adquiere mayor solidez cada día, no pueden ser solución ni las dictaduras ni los liberalismos de Romanones, Alhucemas y demás políticos que tengan como preocupación fundamental salvar al régimen. La España de hoy quiere, ansía un régimen republicano. Y no le den vueltas los que dicen querer a toda costa la tranquilidad, de la que solamente obtienen provecho unos pocos, a costa de todos los demás. Ni las Cortes constituyentes que puedan prepararnos Romanones y los que con él quieren actuar de bomberos en estas horas de la historia de España pueden servirnos, ni nos puede producir satisfacción otra cosa que no sea lo que la democracia española reclama.

Las organizaciones obreras pertenecientes a la Unión General de Trabajadores vienen obligadas a estar a la expectativa y a proceder como cumple a sus sentimientos y a sus aspiraciones. La sensación de serenidad y disciplina que han sabido dar en todo momento deben conservarla. Los que por nuestros cargos tenemos la obligación de corresponder a la confianza que en nosotros se depositó, estamos en el deber de recoger el sentimiento que se manifiesta y de dar forma a la acción para que sus resultados sean los que apetecemos.

Y cumpliremos con nuestro deber. Los acuerdos de los comités nacionales de la Unión y del Partido están en pie. Nos obligan a todos. Con serenidad y disciplina conseguiremos alcanzar lo que constituye la aspiración más inmediata de la clase obrera y socialista de España: la transformación del régimen en una república democrática.

Wenceslao Carrillo Alonso-Forjador
(1889-1963)