Colección Memoria de Hierro

La acción y el compromiso

José María Arche Molinero

El hombre de estos campos que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.
Hoy ve sus pobres hijos huyendo de sus lares;
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.

Antonio Machado 

Rudos caminos, pastores de merinos

Azota el viento, la lluvia y la nieve. Una columna de camiones, coches y artefactos marcha lentamente en aquel duro invierno de febrero por las últimas rutas libres de Gerona. Al frente, los Pirineos; al costado, el Mediterráneo. Tan solo unos trozos de toldo mal atados, como aparejo de un velero a la deriva; algunas mantas y tabardos protegen apenas los desvencijados cuerpos de aquellos humanos; muchos arrastran solo su alma; otros van cargados con bultos, como asidos a una mínima existencia. Los hay que van subidos en las cajas abiertas al aire libre sobre los chasis o simplemente a pie. Material desgastado, hombres, mujeres y niños desgastados. Tienen prisa, aunque no saben con certeza a dónde se dirigen; solo van tristes, cavilando sobre cuánto dejan atrás.

A veces, los ronquidos cansinos de los destartalados armatostes se interrumpen bruscamente ante el amenazante estruendo de los trimotores Junker y los Messerschmidt bávaros, aviesamente satisfechos de poder saciar su sed destructiva. No hay trincheras ni tiempo para encontrar refugio tras alguna defensa ante los fulminantes ametrallamientos y bombardeos. Por tierra quedan entonces enseres, maletas, bultos…, vidas y cuerpos destrozados. Algunas almas acababan así, indefensas, su triste viaje.

Se desmoronaba el frente de Cataluña y los republicanos iban perdiéndolo todo, solo podían salvar sus vidas y, acaso, su dignidad.

Un ejército cada vez más diezmado y deshecho y una sociedad civil lo han dado todo, hasta la última chispa de su aliento y de sufrimiento en aquella maldita guerra.

Todo llamamiento político ideológico a hacer cara al enemigo, a vencer o morir, no parecía ya tener mucho sentido moralizante si coincidía con la evidencia de unas huestes feroces avanzando sobre la ya frágil resistencia republicana, sometiendo a la infeliz población a un cruel e inicuo hostigamiento. Ni perdón, ni puentes de plata, ni rendiciones honrosas… Solo ansia de sangre fraterna, represalias, ni una pulgada de generosidad. Esa es, junto a la muerte, la única certeza en ese momento de éxodo inapelable.

La ofensiva avanza. El 14 de enero ya había caído Tarragona. Solo entonces el Gobierno francés decide abrir la frontera tanto para la entrada de refugiados como para permitir la entrada de armamento. Miles de refugiados huyen a Francia. Pero, es tarde: solo en doce días, el 26 de enero, caería Barcelona.1

Febrero de 1939. Un hombre de 41 años, muy experto en organización, intenta poner un poco de orden en aquel desconcierto. Pero el desplome es inevitable… Ese personaje que abandona su residencia en la capital catalana no es solo el dinámico y brillante ciudadano Manuel Muiño Arroyo, sino el jefe de Transporte de la Subsecretaría de Armamento del Ministerio de Defensa. Su responsabilidad es muy alta. En esta difícil etapa ha comprometido a su equipo: algunos compañeros de Madrid, de Cataluña, ferroviarios, técnicos de armamento y explosivos…, en definitiva, gente de confianza.

Al lado de Manuel Muiño va una vivaz mujer de no más de 21 años, de expresión abierta, ojos lúcidos y bosquejada sonrisa. Es su ayudante Teresa Sanz Yáñez. Por la compenetración y mutua admiración que parece existir entre ellos se aprecia una cercana afinidad. No es ni su mujer ni su hija sino la primogénita de Leoncio Sanz Repiso, oriundo de Peñafiel, como el abuelo de Muiño. Leoncio y Manuel se conocían ya de jóvenes en la UGT y en el PSOE. Eran «amigos de toda la vida». Por una deficiencia auditiva, Sanz Repiso no fue apto para el servicio militar y Muiño se lo llevó a Barcelona, cerca de él, en Castellar del Vallés, donde regentó la gasolinera de un garaje de la Subsecretaría de Armamento.2

Teresa va concentrada en la misión encomendada al equipo, solo en algún duermevela cavila sobre sus familiares: sus hermanos parecen estar a salvo; su padre y su hermana van también en otros convoyes a Francia, pero su madre no ha tenido valor de emprender el largo camino:

«¡Ay! ¡Mi máquina de coser! ¡Mis cosas…, quiero llevarme mis cosas!”. ¡Y no arrancó! ¡Mi madre no arrancó!».3

En la columna que dirige Muiño está vetado el desaliento. Tienen una misión que cumplir. Van los últimos por toda la costa, volando puentes, carreteras y polvorines. Hay que evitar que el enemigo avance tan deprisa. Muiño, como alto cargo de la Subsecretaría de Armamento, no ignora las instrucciones cursadas desde Valencia por el jefe del Estado Mayor Central, el general Vicente Rojo4. Por eso, también van recogiendo material bélico que está todavía sin desembalar y, por consiguiente, sin utilizar. En Barcelona, lamentablemente, se quedan abandonadas partidas importantes. No se trata solamente de que no caigan en manos del enemigo sino de intentar cancelar las facturas, depositándolas en Francia. Las instrucciones para la evacuación son bien claras: entregar el material a las autoridades francesas.

Se tienen que dar prisa. Salen de Figueras y, poco después, el 8 de febrero ya entran los franquistas. Aún así, llegan a Port de la Selva y, por fin, a Port Bou, y ya pueden cruzar al otro lado de Cerbère. Cerca de allí, en Colliure, Antonio Machado vivía su corto exilio acompañado de su madre. El poeta moriría el 22 de febrero.

Con autorización oficial, el 10 de febrero pasan a Francia los últimos batallones del Ejército popular. En total casi 250.000 soldados. Y de personal civil, 10.000 heridos, junto a 60.000 hombres, 170.000 mujeres y niños completaban el éxodo.

«La frontera ofrecía escenas de absoluta tragedia. Los fugitivos estaban agotados por el hambre y la fatiga. Sus ropas, caladas por la nieve y la lluvia. Sin embargo, se oían pocas quejas. Aplastados por el desastre los republicanos españoles caminaban firmes, erguidos y dignos. Los niños llevaban juguetes rotos: una cabeza de muñeca, una pelota deshinchada, como símbolos de una feliz niñez perdida. Y en la frontera, ¡qué risas!, ¡qué alegría! Pero ¡qué desilusión!».5

Gran decepción, porque la guerra no había terminado. Por degaste y agotamiento, finalizó el enfrentamiento armado, pero, ¿por dónde se iba hacia la paz?

Las tropas franquistas llegan a las fronteras el 11 de febrero. Unos minutos antes algunos refugiados habían cruzado la línea divisoria entre la tierra vernácula y el destierro. A sus oídos llegarían todavía los jubilosos gritos fascistas: «España ¡Una, grande, libre!». De esta rotunda enunciación, ¿qué se cumplió? Nada. ¿De la contraria? Todo.

En esa triste marcha de retirada y destrucción, Manuel Muiño Arroyo casi no tuvo tiempo de una retrospectiva, tan al filo de aquel ocaso. ¡Qué lejanos y, a la vez, qué recientes aquellos momentos de su vida en la Casa del Pueblo de Madrid, llenos de tanta labor colectiva! Siendo un mozo de 19 años, ya actuaba de secretario adjunto en su Junta Directiva. Él, que como todos los hijos de familia humilde, apenas visita la escuela y comienza a trabajar a los ocho años. La Casa del Pueblo y el mundo del trabajo constituyen entonces la más eficaz cátedra. Allí se aprende el oficio de la existencia mientras en el país se vive la eterna contradicción, enunciada por Antonio Machado:

«Hay un español que quiere / vivir y a vivir empieza, /entre una España que muere / y otra España que bosteza».

Pero es que en aquella Casa del Pueblo había un ir y venir de personas, personajes, actos culturales y políticos, mientras las turbulencias históricas y los acontecimientos transcurrían de una Monarquía alfonsina a una Dictadura militar, de una República a una guerra fratricida. Imposible no templarse en aquella acería de la vida.

Quizás hubo otro personaje igual que Muiño, pero no tan representativo del ánimo presente en aquella Casa de Pueblo de Madrid, crisol de las más importantes gestas obreristas de principios del siglo XX.6

Lo más admirable de este personaje es que, dominando maestramente la disciplina en el campo organizativo, considerado por sus propios compañeros como «excesivamente burocratizado»7, fuese al mismo tiempo un determinante hombre de acción.

Esto le valió para convertirse en un auténtico factótum en congresos, huelgas, gestiones ante las autoridades, negociaciones, conflictos…, así como ser el primero en izar la bandera republicana en el Ayuntamiento de Madrid. Durante aquellos días de entusiasmo popular republicano, Muiño organizó un «servicio de orden» para proteger a algunos compañeros ilustres del exceso de júbilo de los madrileños.8

Momentos sin duda felices los que vivió entonces el joven Manuel Muiño. Sin embargo, de nada le sirvió la nostalgia en unos momentos en los que todo parece arder a su alrededor. Era la hora de una retirada, aunque para él solo fuera una etapa más en el camino que aún tenía por delante.

¿Qué sucede entretanto tras la frontera pirenaica? ¿Quién y cómo se decide el destino de la avalancha de tropas regulares y de refugiados?

«Las autoridades francesas no consideraron ni por un instante la propuesta del jefe del Estado Mayor republicano, el general Vicente Rojo, para que las unidades pudieran ser reconstruidas en territorio francés y repatriadas de forma organizada a los frentes de combate que permanecían abiertos en las zonas Centro-Sur y Levante españolas. El Gobierno francés ordenó desarmarlas sobre la misma raya fronteriza, desmembrarlas de sus mandos y encerrarlas en campos de concentración improvisados sobre el arenal batido por el frío y el viento o en los prados nevados de las zonas de montaña, mientras el emisario del Gobierno de París negociaba en Burgos con el general Franco su repatriación como vencidos».9

Estaba escrito: en la vida de Muiño no había pausa. El Gobierno republicano teóricamente todavía existía: Azaña, el jefe del Estado, está en Francia desde enero; y el todavía jefe del Gobierno, Juan Negrín, vilipendiado y falto de autoridad, subsiste en alguna parte.

En una situación de sálvese quien pueda, cada individuo está legitimado para buscar su propia salvación. No obstante, Muiño tenía vocación de servidor público y ni siquiera en esos momentos tan dramáticos podía renunciar a ese impulso interior. No podía abandonar a sus camaradas y, desde el primer momento, tuvo clara la necesidad de organizarse y hacer de la necesidad virtud.

Los gendarmes franceses no fueron muy complacientes con aquella masa de refugiados que, en pocos días, en horas, colapsaba aquellas angostas fronteras, llenando vías y calles de los pueblos limítrofes. El Estado francés se desbordó, lo que hizo que se buscasen internamientos cercanos, al aire libre, en las mismas playas, días tras los cuales se trasladaría a los refugiados a distintos campos de concentración de Francia.

El convoy de Muiño, sin cortesías ni protocolos, deja el material de guerra, los camiones y todos los armatostes en el lugar que indican las autoridades francesas. De pronto, a pesar del vacío que les sobrevino, sienten alivio de dejar toda aquella carga. En el desbarajuste, y en un momento de relativa tranquilidad –quizás, unas horas o unos días–, algunos pudieron chafarse de la vigilancia de los gendarmes para deliberar sobre los próximos pasos. Lo primero que piensa Muiño es en buscar soluciones para los más allegados, es decir, para todo el equipo que había viajado con él. A fin y al cabo, como jefe, debe pensar en los suyos, entre los gritos de aquellos gendarmes «Allez, allez!» y sus bruscos gestos, agitando sus armas en equívocas trayectorias.

En este escenario, Muiño advierte cómo empiezan a separar a los hombres de las mujeres y de los niños, y cómo apartan igualmente a los milicianos, sin que nadie parezca saber cuál es la razón de tal discriminación.

Difícil explicar cómo salió Muiño de aquel atolladero: al parecer, según relata Teresa Sanz10, o ya estaba allí o pudieron contactar con Alejandro Otero, catedrático de la Facultad de Medicina de Granada, quien entonces era subsecretario de Armamento y, por tanto, íntimamente ligado a la misión de Manuel Muiño. Otero era miembro de la Comisión de Compras en el Extranjero con base de actuación en la Embajada de España en París. Esto significaba que se movía frecuentemente entre dicha ciudad y Barcelona. Además, en Francia ya habían fijado su residencia algunos compatriotas correligionarios. Otros, como Miguel Calzada San Miguel, futuro tesorero de la UGT, había conseguido un puesto en la Cruz Roja Internacional. Estos podrían desempeñar un importante papel de apoyo, especialmente por conocimiento del idioma y del país, así como de las autoridades francesas.11

Ante esta situación, Muiño tiene que tomar decisiones inmediatas después de algunas idas y venidas, se busca un alojamiento provisional, a lo que le seguirán, irremediablemente, distintos caminos para cada uno. Teresa Sanz pone rumbo a París, hacia donde se sumarían después las hijas de Manuel Muiño. Leoncio Sanz, padre de Teresa, acaba en el campo de Argelès-sur-Mer y, luego, en Carcassone. A pesar de que muchos de ellos se separaron, pronto se reencontrarían.

El 12 de abril de 1939, siendo Édouard Deladier primer ministro de Francia, un decreto12 obliga «a todos los extranjeros de sexo masculino de entre 20 y 48 años de edad a servir a las autoridades militares francesas, por una duración igual a la del servicio requerido a los franceses, en el modo y la naturaleza de ejecución que se decrete».

Esto dio lugar a la creación de las llamadas Compagnies de Travailleurs Étrangers—CTE—13, que funcionaron hasta la ocupación nazi de Francia en mayo de 1940. Se pretende, por tanto, a escala departamental y municipal cubrir empleos en lugares excepcionales.

La entrada en guerra de Francia, en septiembre de 1939, refuerza estas medidas de control de mano de obra extranjera. La movilización general deja muchos puestos de trabajo vacantes.

Antes de que Francia entrara en el conflicto bélico, los refugiados de Argelés-sur-Mer, St. Cyprien, Barcarès, Septfonds, Bram y Gurs acogieron a miles de españoles que proporcionaron mano de obra a estas compañías de trabajo. El estatus de prisionero apenas cambia, no obstante tiene cierta libertad de movimientos y posibilidades de unas mejores condiciones de vida.

José Castro, joven soldado republicano, pasó la frontera, según su testimonio, el 12 febrero por Puigcerdá a La Bourge Madame, y nos relata cómo, dentro de la denigrante situación, aquellas compañías de trabajadores supusieron una oportunidad de supervivencia para los refugiados españoles en condiciones de prestar su fuerza de trabajo.

«Estos grupos estaban destinados a las familias francesas para compensar la falta de mano de obra movilizada en la guerra. Dentro del grupo, a mí se me confió el puesto de controlar la mano de obra española disponible y esto me concedía dos grandes ventajas:

»Primera, hacer que tuviera un trabajo que me permitía variadas entrevistas con los agricultores franceses propietarios o con los obreros agrícolas españoles de nuestro grupo.

»Segunda, lograr invitaciones para cada domingo ir a comer a casa de uno u otro propietario agrícola que estaba muy satisfecho del obrero español que tenía.

»Esto era un “chollo” dentro de nuestra vida de refugiado español y me entregué de todo corazón a esta labor, basada en procurar contentar al obrero agrícola español, al empleador francés, al mismo tiempo que lograba ventajas para mí. Dentro de nuestra situación personal de refugiados, encontrándonos un grupo de trabajadores españoles en el país francés, nuestra situación se había transformado en excelente en un entorno general de guerra. Esto nos ayudó mucho a olvidar nuestra triste situación de refugiados en un país extranjero, lejos de nuestra tierra y de nuestra familia».14

Una vez más ahí está Manuel Muiño. Él participa también en aquellas compañías. Puede moverse y aplicar su talento organizativo. Su espíritu inquieto y su sentido de lo útil le llevan a compartir imaginativo el destino de sus compatriotas, en especial, de sus correligionarios. En el campo de Septfonds y en el de Barcarés trata nuestro personaje de coordinarse con los antiguos camaradas dispersados y divididos. Cree poder crear en aquel caos un mínimo de coherencia y un organismo vertebrado. Así era el arquetipo Muiño. Entendió que, en la necesidad, era imprescindible aplicar una característica muy española: además de agruparse por el paisanaje, unirse por el compañerismo y la afinidad ideológica. Ante la desintegración y el desmayo de las organizaciones, la revitalización para la supervivencia. Ese era el afán del momento.

«Los partidos políticos y los sindicatos experimentaron en el exilio procesos similares de división y de desvanecimiento, si bien existieron intentos de reorganización en los mismos campos de concentración, desde los primeros momentos. Los socialistas, por ejemplo, se reunían en Barcarés. En esas reuniones decidieron crear una misma compañía de trabajo, integrada por unos 250 hombres, a la que más tarde se unirá otra, también formada por socialistas, entre ellos Manuel Muiño, quien será uno de los pilares de la UGT en el exilio. Estos grupos de socialistas de Barcarés recogieron mensualmente entre cuatro y cinco mil francos que distribuían a los mutilados, enfermos y necesitados».15

De nuevo la guerra. Esta vez en Francia. Pero el enfrentamiento bélico solo dura ochos meses. En junio de 1940, se firma el armisticio franco-alemán y la ocupación nazi del país galo. Ahora todo cambia: las ideas y la acción de izquierdas pasan a la clandestinidad. De nuevo, rudos caminos que se vuelven más difíciles.

Las vueltas del molino

«Vámonos de aquí, meu ben, 

que aquí non ganamos nada; 

fagamos como o muiño, 

que muiño, andando, gana»16

(Canción popular)

El padre de Manuel Muiño era de Vimianzo —La Coruña—. Este apellido gallego en castellano significa molino, que según recoge la Real Academia de Española —RAE— en su primera acepción es: «Máquina para moler, compuesta de una muela, una solera y los mecanismos necesarios para transmitir y regularizar el movimiento producido por una fuerza motriz, como el agua, el viento, el vapor u otro agente mecánico». Y según la cuarta entrada: «Persona sumamente inquieta y bulliciosa».

Es curiosa la bella metáfora que esconde este nombre, Manuel Muiño Arroyo, y cómo define una vida en continuo palpitar y el mecanismo biológico que busca la energía, en el más leve soplo de aire, en el salto de un arroyo –por cierto, su apellido materno–. Este ir cambiando siempre sin salirse del propio eje, fue algo que marcó sobremanera su personalidad.

Manuel Muiño estuvo muy próximo a Julián Besteiro, catedrático de Lógica. Y aprendió esa lógica de la acción y de la reacción tan necesaria para la política; especialmente para el socialismo democrático y el análisis marxista y antimarxista de la historia.

Como decíamos ayer

En la Facultad de Letras de la Universidad de Toulouse hay gran excitación. Varios grupos de personas conversan animadamente en el exterior, en los pasillos, en el anfiteatro. Rostros ya ajados por el tiempo, que reflejan las muescas de la supervivencia. Ha pasado el horror y terror nazi, al menos en Francia. Hay esperanza. Se intenta dominar la nostalgia; si acaso se da permiso a esa lágrima que brota con el disgusto al indagar sobre el amigo, la amiga, el compañero, la compañera que no está, que ya no estará; el llanto que surge en el momento en que se confirma la sospecha de que el ser querido no sobrevivió.

Por primera vez, después de octubre de 1934, se celebra un Congreso Ordinario de la Unión General de Trabajadores –UGT–. Llegan algunos compatriotas venidos de México, de América, de África, y 210 delegados y delegadas de diferentes poblaciones. Los viejos militantes españoles vuelven a esa frecuente reposición ya proverbial de nuestra historia, plena de culturas y contraculturas: «Como decíamos ayer…», tal y como inició su lección Fray Luis de León, cuando regresó al aula magna de Salamanca tras cinco años de cárcel, condenado por la Inquisición; y con otro «Como decíamos ayer…» volvió Miguel de Unamuno a su cátedra, después de siete años de destierro impuesto por la dictadura de Primo de Rivera.

Entre 1939 y 1944, muchos socialistas y ugetistas como Muiño no se detuvieron. Emulando a Ulises, estuvieron navegando de vuelta a casa, en medio de tormentas y maldades de los dioses. Fueron en busca de sus paisanos, de sus fieles, de sus camaradas, de «los buenos». Ahí estaba Miguel Calzada San Miguel, contactando con los cántabros, los vascos, los asturianos, los aragoneses…, también fueron formando núcleos del PSOE y de la UGT. Como cuenta Amadeo Calzada Fernández, hijo de Calzada San Miguel:

«Desde 1942 estos valientes conocerán tiempos difíciles, particularmente durante la ocupación nazi en todo el territorio francés. También en la llamada “Zona Libre”, gobernada por el general Petain. Precisamente, cuando llegan los nazis a Toulouse, registran allí los documentos del gobierno de Vichy sobre extranjeros y pueden rastrear cómodamente las actividades y filiación de los españoles en el PSOE, la UGT, el PC y el resto de republicanos.

»Un día, reunidos Calzada y Eusebio Gorrochategui –metalúrgico y periodista que se encargaba de los refugiados vascos, que colaboraba en los “Secours aux Enfants” de la Cruz Roja–, escuchan en la calle ruido de carruajes, frenazos y, después, las botas nazis en el empedrado. ¡Se salvan de milagro! Se esconden con todos sus papeles en el retrete del corredor colectivo. Después, a través de militantes de la resistencia francesa son informados de que, por el abundante trasiego postal que reciben de otros territorios departamentales, están bajo vigilancia».17

A partir de estos pequeños grupos del PSOE y de la UGT, se constituye un Comité de Coordinación, en el que son decisivos José Aspiazu, Arsenio Jimeno y Miguel Calzada San Miguel. A través de esta iniciativa se convocarían, a finales de 1944, los primeros congresos del PSOE y la UGT en el exilio.

En apenas cinco años, los discípulos de Pablo Iglesias pudieron rehacerse de su supuesto cataclismo. Después de esta primera organización de grupos de PSOE y UGT en torno a Toulouse Haute-Garonne Tarn, Tarn-et-Garonne Hautes-Pyrénées, la organización de los socialistas españoles resurge en todo el territorio francés, Montauban, Midi, Paris Seine, Herault, Motpellier Albi… Y también más allá de Francia; así hasta 237 secciones con 17.000 afiliados.

Del 24 al 25 de septiembre de 1944, se celebra en Toulouse el I Congreso del PSOE en el Exilio —el XIV de su historia—. Dos meses más tarde tiene lugar en la misma ciudad, durante los días 11 y 12 de noviembre, el I Congreso de la UGT en el Exilio, en la Francia recientemente liberada y ya finalizando la II Guerra Mundial. Manuel Muiño es entonces elegido vicesecretario –secretario general adjunto– de la Comisión Ejecutiva. España y sus estructuras democráticas estaban en ruinas, Francia y Europa también, pero en aquellos momentos, la UGT surgía de sus cenizas.

Manuel Muiño es fiel a su orgullo y a la tradición de dirigente de la Federación Local de la Edificación. Celebra su nuevo cargo al albur de la reaparición de El Socialista, redactando un artículo bajo el edificante título de «Cimientos firmes». En él enuncia una serie de ideas de viejo y de nuevo cuño:

«Ya está otra vez nuestro partido en marcha públicamente en Europa, es decir, en una parte de Europa, en la Francia liberada, y ya está nuestro portavoz El Socialista, sirviendo de orientación y guía en nuestra actuación de siempre. Nuestro edificio orgánico ha sufrido los efectos de un temporal sin precedente en la historia, temporal que arrancó de cuajo poderosas inundaciones y dio al traste con armaduras estatales que por carecer de solidez, desparecieron totalmente.

»El Partido Socialista Obrero Español y la Unión General de Trabajadores sufrieron mucho como consecuencia de esa catástrofe, y entre los escombros del edificio derrumbado quedaron millares de víctimas nuestras sepultadas para siempre y otros muchos con heridas físicas y morales de extrema gravedad o incurables. Pero nuestro edificio estaba sólidamente cimentado, pues los artífices de la obra, los maestros del socialismo español, supieron dar a los cimientos una solidez a prueba de los más duros temporales.

»Sobre estas firmes bases de sustentación se reconstruyó nuestro partido y nuestra UGT, y al trabajo están multitud de camaradas que, dentro de España y arrostrando todavía el peligro que allí existe, laboran con afán coincidiendo en la tarea veteranos encanecidos en la lucha y jóvenes forjados rudamente en la contienda armada, anhelantes de actuar dentro del Partido que siempre supo unificar la sabiduría y experiencia de los viejos luchadores con la fogosidad y el entusiasmo de las juventudes plenas de vigor físico. Vaya para estos camaradas nuestro recuerdo fraternal y emocionado, porque ellos tienen sobre sí aún la amenaza de la cárcel, del campo de concentración y del pelotón de ejecución.

»El socialismo español es doctrina, es acción revolucionaria constante, es conducta clara y sin confusión. El socialismo español quiere la República reinstaurada en nuestro país para continuar la labor de emancipación de los trabajadores. El socialismo español, sin confusionismo, manteniendo su doctrina y su táctica, acepta aunar sus esfuerzos con los de otras fuerzas hermanas de lucha y sabe corresponder generosamente al buen deseo de estas fuerzas políticas y sindicales que vertieron su sangre con la nuestra en la guerra que asoló España y asombró al mundo durante tres años.

»Nuestro edificio comienza nuevamente a elevarse sobre sus cimientos y otra vez vamos a demostrar a nuestros camaradas de todos los países que somos dignos discípulos de Marx y de Engels y que la Internacional puede confiar en los socialistas españoles, hijos de un país en que los hombres amantes de la justicia social comenzaron a hacer frente a las dictaduras de Hitler y de Franco, aún tendrán tarea firme a realizar cuando los demás países hayan recobrado sus libertades».18

Lo que está reclamando Muiño es un gran esfuerzo moral para levantarse siempre contra las represiones de todo signo. Para ello, sin embargo, cada conducta personal tiene que ser muy generosa y solidaria. Algo a lo que, en aquellos momentos de reconstrucción en toda Europa, obligaba casi mecánicamente la necesidad.

Pero, el individualismo y la ideología del egoísmo estaban ya iniciando su reforzamiento de lo que pronto iba a ser la sociedad del consumo.

El acto de clausura del este I Congreso de la UGT en el Exilio se hizo coincidir con la del también I Congreso del PSOE. Era domingo ese 12 de noviembre de 1944. La sala estaba abarrotada tras el anuncio previo del mitin y hubo que cambiarse del salón de actos de la Bolsa del Trabajo al más espacioso del teatro de Nouveautés. Se escucharon grandes aplausos para oradores como José Gregori, Pascual Tomás, Arsenio Jimeno, Andrés Saborit y Enrique de Francisco.

Este último, recién elegido presidente del PSOE, pronunció unas palabras que, si ya eran válidas en aquel momento, en la actualidad habría que marcarlas a fuego en las mentes de nuestros dirigentes políticos:

«En el orden moral hay una exigencia mínima que formular a cuantos aspiren a obtener y después a exhibir el título de socialistas, a saber: que se examinen a sí mismos, que hagan un previo examen de conciencia para estar seguros de que se sienten capaces de sacrificar todo a la defensa de un ideal que exige una honradez acrisolada, una gran rectitud de conducta, una ausencia total de ambiciones ruines y un total desprecio por todo aquello que suponga hacer plataforma de la política de clase para satisfacer pueriles vanidades de orden personal».19

Una obra admirable de solidaridad

El embaldosador Manuel Muiño Arroyo y el contable metalúrgico Miguel Calzada San Miguel tienen reciente la experiencia del sufrimiento y la penuria de sus compatriotas en el exilio. Han compartido con ellos el cautiverio de los campos de concentración: Angelès-sur-Mer, Septfonds, Bram, La Cerbere. Heridos, mutilados, enfermos, raquíticos, y familias destrozadas, pobreza… Practicar la solidaridad siendo uno mismo el que la necesita es encomiable. Una vez que los nubarrones del terror nazi se habían despejado, de la voluntariedad había que pasar a la regulación. El 4 de enero de1945, el PSOE, la UGT y las Juventudes Socialistas deciden fundar el organismo de ayuda social Solidaridad Democrática Española. En su Comité Central actúa de presidente Arsenio Jimeno Velilla, un técnico industrial que pasó la frontera al frente de una unidad del ejército del Este, estuvo por diferentes campos de concentración y se incorporó a una Compañía de Trabajadores Extranjeros; como secretario, nuestro polifacético Muiño; de tesorero, el ya citado Calzada. El resto lo componen: José Montero Rodelgo, funcionario municipal que cruzó la frontera siendo comandante de la 104 Brigada, y Manuel Palacios, tesorero del PSOE.

Muiño, como secretario, aplica en esta labor su mejor sentido de organización y transparencia, con aquella pulcritud y seriedad suyas que ya aplicara cuando llevara las actas y la gestión de la Federación Local de la Edificación de Madrid, así como al encargarse en la II República, de las gestiones de la Concejalía responsable de Vías y Obras de la capital. Diligente e infatigable atendía con toda la rapidez posible las tareas humanitarias que se concedían a presos, perseguidos, represaliados enfermos o heridos y a sus familias. Solidaridad Democrática pronto entró a formar parte del espacio institucional de ayuda obrera internacional, por lo que pronto adquirió gran relevancia, haciéndose necesaria incluso después de la legalización de las organizaciones socialistas en España.

Solidaridad Española desempeñó una reconocida labor humanitaria que Muiño explicaría perfectamente, tras 23 años de gestión, en 1968, con una colaboración en El Socialista:

«Desde hace más de veinte años el “Spanish Refugees Aid” viene ejerciendo un admirable trabajo de ayuda económica a los exiliados políticos españoles, principalmente en Francia, demostrativo de que las personas que crearon este organismo, y lo continúan manteniendo, tienen la sensibilidad exquisita de sentir como propios los dolores morales de los exiliados que sufren física y moralmente por sus enfermedades o su ancianidad unidas a la escasez de medios económicos para hacer frente a las necesidades de la vida diaria.

»Solidaridad Democrática Española conoce bien la admirable labor del “Spanish Refugees Aid”, porque desde 1945 viene manteniendo estrechas relaciones con él y enviándole peticiones de ayuda económica a favor de ugetistas y socialistas exiliados que por su ancianidad, enfermedades y falta de recursos se encuentran en situación precaria y muchas veces dramática.

»Ayudas económicas de cuantías diversas por tres, seis o más meses, según la necesidad. Becas para estudios de hijos de refugiados enfermos. Máquinas de coser y otros útiles para poder aumentar sus ingresos por trabajo a domicilio; ropas y calzado completan esta admirable labor.

»Al comenzar el año 1968, en el que también probablemente ha comenzado el principio del final de la existencia del inhumano e inquisitorial régimen totalitario franquista, renovamos nuestro reconocimiento a todas las entidades y personas que se han comportado con los refugiados españoles de manera tan generosa y fraternal».20

Muiño deja Solidaridad Democrática en 1971 en un alto listón difícil de superar por sus sucesores.

El Mariner IV, primera fotografía de la superficie de marte

El 15 de julio de 1965, la estación de seguimiento espacial de la NASA en Robledo de Chavela —Madrid—, protagoniza este acontecimiento mundial. La humanidad avanza vertiginosamente. Solo han pasado 23 años de una conflagración mundial catastrófica y ahora estamos de lleno en una guerra fría. El viaje del Mariner IV fotografiando Marte, siendo gran proeza de la ciencia, parece un disparate para un año 65, visto desde una perspectiva de las necesidades inmediatas. ¿Acaso se ha olvidado el horror todavía sin cicatrizar en el alma y la carne de tanto ciudadano? Mientras tanto los fascistas en España gozan del beneplácito de Occidente. España es así: una mayoría vive en un oscuro entorno, sin luces ni colores. Sin embargo, se posibilita acompañar a los norteamericanos en su liderazgo tecnológico mientras el país sigue en la miseria, tutelado sin mayoría de edad, y con una renta basada principalmente en el turismo con millones de españoles en el exilio y en la emigración económica.

Ese mismo año, Toulouse se convierte nuevamente en el gran centro de encuentro de refugiados y emigrados. Se celebra el IX Congreso de la UGT los 5, 6, 7 y 8 de agosto de 1965. Esta vez aparecen por allí algunos representantes de los emigrantes que trabajan en Europa. Visitan el casco antiguo, toman algunas imágenes por las calles, se pasean a orillas del Garona, nacido en España, y se retratan ante la estatua del político socialista Jean Jaurés, junto a la Facultad de Letras, donde ejerció su cátedra. Están impacientes porque comience un congreso en el que son delegados por primera vez; no obstante, han aprovechado parte de sus vacaciones estivales y se lo toman como un respiro. En la misma puerta del cine L’Espoir –junto a la sede donde se celebrará el congreso– pueden encontrar a un Manuel Muiño que, como siempre, va de un lado a otro con una carpeta debajo del brazo. Conversan un rato con él y le piden que se haga una foto con ellos. Después, se vuelve a poner en marcha: tiene que regresar a la oficina de la rue de Taur 68-71, a controlar la mecánica del congreso: credenciales, ponencias… La técnica más moderna, micrófonos, atril…, es tarea de los jóvenes, los chicos Manuel Garnacho y Manuel Simón.

«¡Nos vemos luego!

¡Hay que ver la energía que tiene usted! ¡Está usted fuerte!».

Vuelve como un rayo a acercarse al grupo y, aparentando ser muy confidencial, pero en voz alta para que todo el mundo lo oiga, dice, con ese nunca olvidado deje madrileño:

«¡Estoy hecho un chaval! Uso preservativos de… ¡acero!».

Y pone un acento especial en la palabra acero. Desaparece con su pícara sonrisa, pensando:

«¡Que se fastidien esos espías de Franco que andan por ahí husmeando!».21

Sindicalismo internacional

Tanto Manuel Muiño como Pascual Tomás y otros veteranos del exilio tenían muy claro el origen natural de la Unión General de Trabajadores: su absoluta extracción profesional. Ellos mismos fueron importantes dirigentes de sociedades locales obreras de la edificación y del metal. Concretamente, Muiño había tocado diferentes palillos, desde encuadernador, pasando por embaldosador, hasta portero de fincas. La UGT siempre se enorgullecía de ser «hija» de aquellos tipógrafos pioneros, los de la idea y la pluma junto al yunque; el libro junto al martillo.

Ahora son tiempos de confusión, pero reagrupando a todos los ugetistas esparcidos por el mundo, podría crearse un poco de coherencia en este éxodo. Sin duda, un camino sería reagruparlos por paisanaje y otro, por oficios.

Precisamente, el conocimiento del oficio del trabajo, del sentido de solución de los problemas industriales, en definitiva, dedicarle horas al oficio, al quehacer, esa habilidad para resolver problemas prácticos de la vida real, fue decisiva para que Muiño ejerciese como nadie su cargo de concejal de Vías y Obras del Ayuntamiento de Madrid.22

En la memoria presentada ante el X Congreso de 1968, la Comisión Ejecutiva de UGT puede informar de una modesta, pero muy digna labor en este campo, dada la escasez de medios.23

Y cómo no, también hay un interesante informe del Secretariado Profesional de Edificación, Madera y Trabajadores públicos que dirige Muiño:24

«El Comité de este Secretariado, integrado por los compañeros Manuel Muiño, secretario, Eugenio Valera y Benito Feijoó, vocales, está ahora reducido a los dos compañeros primeramente mencionados, porque el compañero Feijoó falleció en Semeac —Hautes-Pyrénées—, donde residía, y aunque ya enfermo largo tiempo, continuaba siendo un militante consecuente en la Sección de Tarbes a la que pertenecía.

»Benito Feijoó había nacido a principios del presente siglo en Sandianes —Orense—, pero desde joven fue a vivir a Reinosa —Santander— y, desde entonces, comenzó sus actividades de militante que ha continuado hasta su muerte. Dedicamos estas líneas de recuerdo a tan querido compañero que prestó al Comité del Secretariado su entusiasta colaboración.

»Con la Federación International de la Edificación y Madera, se continúan manteniendo por el Comité del Secretariado las relaciones que han sido normales desde hace sobre todo doce años. Esas relaciones fueron extremadamente cordiales desde que el compañero Arne Hagen fue nombrado secretario general y el compañero Smets, en su calidad de vicepresidente, intervenía en los asuntos principalmente de Europa, pues fue la época en la que se sentaron los cimientos de unas relaciones que se van consolidado de manera cada día más fraternal».

El Secretario, Manuel Muiño.25

Se aprecia que es una labor de exilio y de exiliados socialistas a lo largo de todo el periodo, sujeta más a una gestión de mesa de escritorio que a una realidad efectiva, pero constituyó la base de lo que hoy es la política y la actividad internacional de las Federaciones de Industria de la UGT. Se puede afirmar, con total conciencia histórica, que también fue la base para otras centrales sindicales.

1968 es el año en que nuestro hombre va a tener que tomar decisiones muy duras en la forma respecto a su papel en la Unión General de Trabajadores.

En el X Congreso en el Exilio del Sindicato empiezan las turbulencias. Alboreaba ya una renovación que muchos imaginativos consideraban madura. Pero, finalmente, los viejos de Toulouse ganaron la apuesta de la continuidad de Pascual Tomás en la Secretaría General. Aunque la resistencia de los viejos a entregar el relevo se saldó con una escapatoria en falso: en un par de meses, Tomás dimitía. Volver a organizar otro congreso hubiese sido una medida correcta pero poco factible, con una UGT todavía organizándose clandestinamente en España. Se convocó el Consejo General en el cual no participaban los militantes del interior de España. El Consejo decidió presentar como sustituto de Tomás a Muiño y se abrió un referéndum entre todas las secciones de la UGT.

Este procedimiento desató una gran división y desacuerdo en toda la organización. Ente otros, Manuel Garnacho Villarrubia, como afiliado de base, reprobó la decisión del Consejo General:

«Debo elevar una protesta firme y enérgica contra los procedimientos, un tanto particulares y poco democráticos, que ha empleado la CE para cubrir la vacante creada con la dimisión del compañero Pascual Tomás. En efecto, dicha CE ha creído deber ocultarme que algún compañero –varios– habían propuesto mi candidatura para ser sometida a votación. ¿Qué temía la CE? ¿Que después de las renuncias de Armentia, Barrabés, Barreiro, Duarte y Jimeno renunciase yo también, dejando así, solo en la liza, al compañero Muiño? ¿Ha querido así, omitiendo preguntar al interesado si aceptaba ser candidato, cubrir con un manto aparentemente democrático un plebiscito prefabricado? (…)

»Si la Comisión Ejecutiva me hubiese peguntado —como a mi parecer era deber suyo— si aceptaba ser candidato, mi respuesta hubiera sido negativa.

»¿Por qué? Por estimar que la aceptación del cargo por Pascual Tomás en el Congreso y su dimisión sin haber podido hacerse cargo de él, constituye una maniobra destinada a cerrar paso a compañeros de diferente generación. Por estimar que el actual Consejo General no responde a la voluntad mayoritaria del Congreso.

»Yo sé que en la consulta hecha a las secciones, la mayoría de estas han contestado favorablemente a la CE, pero: estimo que el cargo más importante de la organización debe ser elegido por la organización completa y no solamente por el Consejo General».26

Al fin, Manuel Muiño Arroyo es secretario general de la UGT. Su gestión fue continuidad de la ya realizada por Pascual Tomás. Durante su mandato se consolidó la labor internacional mientras la lucha clandestina se encrudecía cada vez más. El régimen franquista, presionado por la solidaridad internacional, procura suavizar sus medidas de represión. No obstante, la dictadura mantiene su política autoritaria. La UGT no podía consentir que la opinión pública internacional mirase para otro lado.

En 1971, Manuel Muiño elaboró un listado de presos y procesados, estimando en más de cinco mil los antifranquistas encarcelados desde 1958.27 Y en el Congreso de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres —CIOSL—, el nuevo secretario general de la UGT denuncia esta situación antidemocrática en España y agradece el informe de la Organización Internacional del Trabajo —OIT— sobre la situación laboral y sindical en España. La UGT no está satisfecha con algunas conclusiones del Grupo de Estudios, ya que intentan hacer ver que España evoluciona económicamente, país en el que estábamos sin libertades sindicales.

«Nadie tiene en España garantías ciudadanas, y como prueba más de lo que venimos diciendo os daré los siguientes datos: desde diciembre de 1968 hasta ahora, la UGT ha tenido muchísimos militantes detenidos, 43 de ellos condenados y acusados de propaganda ilegal y asociación ilícita. En esta situación ha visitado España, el pasado mes de marzo, un Grupo de Estudios nombrado por la OIT. Ante los señores que integraron dicho grupo informó la UGT el 12 de febrero último, formando parte de la delegación que presidía nuestro querido compañero Buiter.28

»Este Grupo escuchó cuanto la delegación de la CIOSL manifestó en apoyo de las acusaciones que la misma ha formulado en las quejas que, desde hace más de diez años, ha presentado la CIOSL en la OIT contra el régimen de Franco en defensa de los derechos y libertades sindicales. La CIOSL y la UGT han expresado ya sus reservas, observaciones y críticas. Nuestra posición final será fijada cuando el texto definitivo vea la luz.

»Miles de ejemplares del texto íntegro del informe de la “Declaración de la CIOSL” y de “Observaciones y comentarios de la UGT” están siendo distribuidos en España.

»Me es grato expresar en este Congreso el reconocimiento de la UGT y de la CIOSL al Grupo de Trabajadores de la OIT por su iniciativa de presentar en la 50 Conferencia de la misma que se acaba de celebrar la resolución sobre España que ha sido aprobada y que tan brillantemente ha defendido nuestro compañero Louet de Force Ouvriere, portavoz del Grupo de Trabajadores. Esta resolución ha sido aprobada en la sesión histórica del Cincuentenario de la OIT, gracias a los esfuerzos de la CIOSL».

Manuel Muiño solicita también la solidaridad moral y material con la lucha en España por las libertades:

«Cuando os pedimos solidaridad en nombre de la UGT es porque sus afiliados, en España y en exterior dan ejemplo: nuestros compañeros en el interior cotizan sus cuotas y además entregan donativos voluntarios para ayuda a los presos despedidos y perseguidos. Y, en el exterior, los afiliados a las secciones de la UGT, en Europa y en América Latina, han entregado desde enero de 1962 a junio de 1969 donativos para España que pasan los 250.000 francos franceses, además de pagar sus cotizaciones normales y nuestra prensa».29

»Os agradecemos a la CIOSL, a la FITIM, a la FGT de Bélgica y su Central General, lo mismo que a Force Ouvriere y a todas las demás organizaciones hermanas, vuestra solidaridad incondicional.

»Deseo también expresar nuestro reconocimiento a los compañeros de América Latina en su fraternidad con la UGT, su espíritu de hermandad con los refugiados españoles. La América Latina es para nosotros, los trabajadores españoles, una continuidad de familia que se ha acentuado con la llegada a vuestros países de millares de refugiados españoles que se han integrado plenamente con vosotros en una recíproca fraternidad humana».30

El internacionalismo siempre fue imprescindible para el movimiento obrero y sindical. Muiño lo había experimentado ya desde joven en sus viajes al extranjero, representando a la UGT en encuentros internacionales, o cuando recibía, en Madrid, delegaciones de fuera. Siempre describía sus experiencias y las enseñanzas, en definitiva, unas enseñanzas que deberían llegar a todos, para lograr miras más amplias que las del «propio ombligo local».

Aparato y organización

Algunos se lamentaban:

¡No tenemos un partido, solo un aparato!

¡Abajo el aparato!

El Señor Keuner les increpó:

El aparato son los huesos de la organización y del ejercicio del mando.

Durante mucho tiempo habéis visto un esqueleto.

No lo destruyáis todo ahora. Cuando le dotéis de músculos, nervios y órganos, dejaréis de ver los huesos.

Bertolt Brecht

La tradición en los Congresos de la UGT es pedir y conceder la palabra solo para intervenir en contra de la gestión, al menos en algún punto. El XI Congreso celebrado en Toulouse en la Sala Leon Jouhaux, sede de Force Ouvriere, del 5 al 8 de agosto de 1971, tuvo muchas peticiones de palabra, en medio de una fuerte tensión, precedida por una serie de dimisiones dentro de la Comisión Ejecutiva y del Consejo General. Decían: «¡Si la Comisión Ejecutiva no está dando los pasos necesarios para una renovación, si no estamos para entregar ya por fin la toma de decisión a los que luchan en la clandestinidad, ¿qué hacemos aquí?».32

«A mí me toca censurar la gestión de la Ejecutiva. Me duele, porque Muiño es un hombre que conozco desde que soy un niño. Es un hombre buenísimo, honrado. En fin, todas la cualidades que puede tener un hombre, las tenía, y claro, para no atacarle mucho a él, ataco a Armentia Juvete, hay que escoger. Y, luego, el exilio, por sí solas votan contra la gestión de la Ejecutiva y el interior añade votos; pero la mayoría de la votación del exilio es contra la Ejecutiva».31

Y no era solo cuestión de viejos y jóvenes, sino de engrase y dotación del armazón de la UGT, cuyos esqueléticos huesos eran ya más que visibles.

En el mismo sentido que José María Martínez Cobo, se fueron expresando también otros oradores y la gestión de Muiño no fue aprobada. No habría reelección en el cargo; es más, se suprimió el cargo de secretario general.

Un joven afiliado periodista de Alemania, Manuel Moral, haría esta pequeña reseña del evento:

«Al congreso asistieron también en calidad de invitados de honor representantes de diversas organizaciones sindicales libres europeas —Force Ouvriere, DGB, CGT belga, Sindicatos Obreros de Italia, Holanda y Noruega— y de las internaciones sindicalistas CIOSL, FITIM e Internacional de la Edificación. André Bergeron, secretario general de “Force Ouvriere”: “Somos solidarios con la UGT porque es necesario que desaparezca un régimen nacido hace más de treinta años con el apoyo de la Alemania hitleriana y la Italia fascista”. Viejos y jóvenes ugetistas, presididos por los retratos de Pablo Iglesias, Indalecio Prieto, Francisco Largo Caballero y Julián Besteiro, acogieron con calurosos aplausos estas palabras. Pero los jóvenes delegados, venidos a la UGT de la juventud socialista de España y de la emigración, pusieron pronto de manifestó que el pasado les preocupa menos que el presente y el futuro: ”Es el dinamismo quien abre las puertas. Durante los 33 años de exilio, la realidad española ha cambiado de semblante. Nuestra lucha debe seguir esta evolución. El recuerdo no debe servirnos para actos de autosatisfacción”. Y: ”La UGT no debe estar ausente de las grandes luchas del mañana, en un contexto económico difícil”.

»En el curso de los debates, ”en un ambiente apasionado” —Le Monde—, ”aunque correcto” —un congresista de Toulouse—, los jóvenes militantes del sindicato socialista español se opusieron a los veteranos administradores de la herencia ugetista, rescatada de entre los escombros de la guerra civil española y trasladada al extranjero, exigiendo la entrega del legado, para ser invertido, con más método y eficacia, en España.

»El Congreso se mostró dispuesto a encontrarse a medio camino con los jóvenes. Por unanimidad de los delegados presentes, el Congreso despedía a la antigua Comisión Ejecutiva del veterano Manuel Muiño y elegía otra totalmente renovada, de la que quedó suprimido el cargo de secretario general. La nueva Ejecutiva de la UGT se caracterizaba por la relativa juventud de sus componentes. Pero en la moción principal del XI Congreso: el paso de la Comisión Ejecutiva de la UGT al interior, los delegados optaron por la fórmula de compromiso de la responsabilidad compartida —”Comisión Ejecutiva colegial”, así el nuevo secretario de Organización en el exterior, Antonio García Duarte—. Sin embargo, la proporción de sus componentes —9 miembros por el interior y 5 por el exterior— supone, de facto, el traslado a España del centro de decisión de la UGT.

»El ”congreso contestatario” —así Le Depeche du Midi, periódico de Toulouse— ha abierto sin duda una nueva página en la acción de la UGT, clausurando viejos capítulos. A la dinámica de la evolución se ajusta el propósito del sindicato socialista español de ”hacer un llamamiento a toda las fuerzas sindicales y políticas antifranquistas, proponiéndoles una reunión conjunta para la creación de un bloque común de lucha por las libertades políticas y sindicales en una España democrática”. Y a la necesidad reconocida de darse una nueva dimensión europea corresponde la intención de ”ocuparse más activamente de la emigración económica española”. Pero también los «compañeros» tendrán que rascarse más el bolsillo en el futuro: para poder adaptarse mejor a la realidad actual, el Congreso decidió elevar la cuota de los afiliados.

»Pese a la radicalidad con que se plantea ”la entrega de la antorcha” (Indalecio Prieto), no se ha producido el temido conflicto entre los viejos militantes y los jóvenes. La tradicional solidaridad entre socialistas se impuso al final. ”Ahora que todo ha pasado, me alegro de cómo han quedado las cosas”, comentaba al final del Congreso un viejo ugetista exiliado en Francia. Y José Muñoz Ariño, ”Pepe”, secretario de la UGT de Stuttgart, definía así las cosas: «Un rejuvenecimiento de la UGT».33

La musculatura de la Unión General de Trabajadores se preparaba para el porvenir.

Fiasco e irritación de un luchador

Pese a la decepción y el enojo por lo ocurrido, Muiño, debió reflexionar sobre las enseñanzas hegelianas de su amigo Julián Besteiro. La base de esa escuela no era la estática sino la dinámica; no era el reposo sino el movimiento: no era el sistema sino el método. Ciertamente, el gran filósofo alemán Friedrich Hegel piensa que la humanidad no saca las suficientes lecciones de los hechos y dice «Lo que la experiencia y la historia enseñan es que los pueblos y los gobiernos jamás han aprendido algo de la historia».

El maestro Hegel nos deja aplastados con estas frases tan obvias como impresionantes. Pero aplicando la filosofía hegeliana podríamos sintetizar que: «Aunque el humano no aprenda nada, la historia sigue enseñando». Así quizás alguien pueda sentirse aludido y escuche en la experiencia de los mayores. Porque así podríamos entonces comprender cuando aconseja: «Tened el valor de equivocaros». Y es que si no, todo compromiso sería fugaz, la acción inocua y el hecho histórico, intransitivo.

Quiera la suerte que de la biografía de este obrero, tan positivamente versátil, aprendamos algo. Quizá a amar las biografías y que éstas se conviertan en materias de nuestra enseñanza pública. Naturalmente, valorando lo positivo y lamentando lo negativo. Aunque lo malo está tan explícito en la naturaleza humana, que nos hace peligrosamente olvidadizos con los discípulos de Satán.

«En cuanto a no haber previsto las consecuencias que ha tenido el Congreso en el exterior de la UGT, esté seguro, querido Anastasio, que no ha sido por falta de previsión —por lo menos por mi parte—, por lo que no se ha evitado lo ocurrido en ese llamado “Congreso” y yo aprovecho el que Vd. me plantee ese asunto para decirle con la sinceridad propia de nuestra ya vieja amistad, y para que Vd. haga el uso que considere mejor, cerca de los compañeros coincidentes en el amor a nuestras ideas y por lo mismo a la UGT y al PSOE, lo siguiente:

»Sabe Vd. que, cuando aceptamos concertarnos, en 1944, los militantes socialistas para reconstituir orgánicamente en el exilio el PSOE y la UGT, lo hicimos dando de lado el pasado que había dado tantos disgustos, y comprometiéndonos todos a trabajar de acuerdo, y por eso los que coincidíamos con Besteiro, con Caballero o con Prieto, aceptamos formar parte conjuntamente de los organismos directivos, locales —departamentales, o nacionales—, y así se pudo lograr que se rehiciera lo nuestro; en el exterior que, aunque no haya sido perfecto, es indudable que ha sido un ejemplo, pues no hay ningún exilio que haya hecho lo que hemos hecho nosotros.

»Muerto Caballero, quedaban como figuras de primer relieve Prieto, Saborit y Trifón. Besteiro, por su conducta, estaba haciendo en España, sin poder intervenir en nada por estar preso, más admiradores y simpatizantes por el Socialismo que nadie, y en el exterior, Prieto, Trifón y Saborit, cada uno conforme a su distinta personalidad, personificaban de manera brillante nuestras organizaciones».34

Tiene razón el ya jubilado Muiño: faltan los paradigmas. Los españoles no los conocen. No los han podido conocer. El paradigma de los socialistas republicanos se ha roto. Se ha cercenado el cordón umbilical interdidáctico.

El recientemente destituido secretario general de la UGT, se sincera epistolarmente con su amigo Anastasio de Gracia Villarrubia, antaño conmilitón de la poderosa Federación de la Edificación.

Este recibiría afectivamente las amargas y fuertes confidencias y denuncias de Muiño. Él había sido presidente de la Comisión Ejecutiva de la UGT de enero de 1934 a octubre de 1937, liderada por Francisco Largo Caballero, en tiempos mucho más turbulentos, especialmente, para el movimiento obrero español.

De Gracia, exiliado en México, estaba ya mucho más alejado que Muiño de la realidad española y de Europa. Desde su jubilación estuvo retirado de las luchas políticas y sindicales, aquellas compartidas en la Federación Nacional de la Edificación y todas las peleas posteriores. El viejo albañil, a sus 82 años, vivió ya una existencia dedicada a sus lecturas, a sus paseos de anciano, a sus nietos. España seguía profundamente palpitando en su corazón, se esforzaba todavía por conservar algo de memoria, pero el pulso se iba haciendo cada vez más débil. Las pasiones políticas, las dudas, las preguntas están ahora en el tejado de la juventud. Como escribiría Rocío Martín Aguilar en la biografía de éste, su bisabuelo: «La vida es un cúmulo de preguntas, pero por fortuna algunos tenemos la suerte de encontrar respuestas de disipar las sombras, de ganarle unas cuantas batallas al olvido».35

Bello pensamiento de un alma interrogadora. Lamentablemente, los políticos y sindicalistas jóvenes que empujaban impetuosos, se hacían pocas preguntas sobre el pasado y no enían conciencia de lo que era el olvido. La amnesia incluso podría ser un alivio. Creían poder obviar la sensibilidad, el sentimentalismo, la tradición. Eran lastres que tienen que arrojar del globo al que se ha subido.

A aquellos jóvenes no les gustaba lo que habían establecido sus antecesores. Hay prisas, muchas prisas por alcanzar posiciones de dominio. El dictador de España se muere. Pronto, habría que subir muy alto, dar saltos espectaculares, no uno solo sino muchos, aunque alguno pudiera ser en el vacío.

Las confidencias de Muiño contienen durísimos reproches a sus antagonistas y entra en una incomprensible teoría conspirativa, lejos de unos hechos posiblemente censurables, duros e intrincados, sí, pero nada insólitos dentro de una lucha política por el poder donde las cosas se llevan al filo de la navaja.

«Ya, en el Congreso de la UGT en 1965, se produjeron los primeros efectos coincidentemente perturbadores entre ese pequeño grupo del interior y algunos del exterior, entre otros, los que menciono anteriormente, pero sin insinuar ninguna aproximación con los comunistas. Pero ya en el Congreso primero y en el del PSOE de 1967, después, se vio una coincidencia agresiva, personalizada contra Llopis y contra Tomás, y por extensión contra todos los que, aun teniendo discrepancias con estos dos, considerábamos que lo más importante, en tanto subsistiera el franquismo, era mantener unidas nuestras organizaciones.

»A partir de 1968, estos grupos dieron ya rienda suelta a su propaganda de entendimiento con el PC, disfrazándola con el nombre de “unidad antifranquista“ y como entonces no encontraron eco, prosiguieron su labor de zapa y, ya en el Congreso del Partido en 1970, arrancaron una parte de su plan, que era dar al interior la total preponderancia mayoritaria resolutiva para tener las manos libres y llegar a donde han llegado en el Congreso de la UGT, y ya con todo en su poder, desarrollar sus planes, y ocultando lo del entendimiento con el PC continuaban su trabajo de zapa cubriéndolo con tópicos ya usados, pero que prendían en compañeros de buena fe. Decían que había que rejuvenecer nuestras organizaciones y renovar procedimientos con dinamismo eliminando la esclerosis.

»Y aunque preveía yo, y algunos otros, lo que se preparaba, la mayor parte de los militantes creyeron, “de buena fe“, que exageraba y que era por mi situación personal —aunque no lo decían lo pensaban—, lo que me hacía exagerar el peligro.

»En lo relacionado con la UGT, ya tendrá información del desastre que fue el XI Congreso, que de tal, solo tuvo el nombre, pues ni fue congreso, ni reunión sería ni nada que valga la pena tenerlo presente sino como un caso lamentable más de nuestra historia. Estamos igual que en 1932; estamos mucho peor por la reducción natural de militantes preparados y firmes, en cuanto a intenciones “comunistoides“. Ni Santiaguín ha podido llegar a más ni los que propugnan “la unidad“ a menos».36

El antiguo secretario de la Casa del Pueblo recuerda cómo cuando el cambio de régimen monárquico —por una república sin republicanos, como diría Andrés Saborit—, la masificación de la afiliación, en principio y perfectamente disciplinada, incluso capaz de plantear una huelga revolucionaria, próximo el golpe militar, menoscaba el sentido de las sociedades obreras tal como habían funcionado hasta ese momento, faltos los dirigentes de instrumentos eficaces de aleccionamiento y control de aquellos entusiasmados obreros. Entonces, la infiltración ya existente de partidarios comunistas desvirtuó el sentido de un sindicato de gestión más cercana al socialismo democrático que a los postulados revolucionarios que, definitivamente, afloraron negativamente, durante la guerra fratricida. Santos Juliá describe perfectamente cómo era la UGT de entonces:

«El encanto de la UGT trascendía los muros de la Casa del Pueblo y legitimaba a aquella masa disciplinada que en ella recibía educación ante ese conjunto de patronos, industriales, periodistas, militares o intelectuales que veían en ella el principal soporte de la República. Tal acuerdo general era compartido, naturalmente, por la propia UGT, orgullosa de sus orígenes sin mancilla, de su historia de calladas renuncias y sacrificios, de lentas e irreversibles conquistas, de sus apóstoles y sus ritos, de sus fiestas y celebraciones, y embargada y, a las veces, embriagada por aquella constante sensación de superioridad moral que le daba el hecho de ser y saberse la más prestigiosa organización de la clase obrera. Prestigio en el que encontraban su mayor timbre de gloria y al que no estaban de ningún modo dispuestos a renunciar, pues provenía de su indiscutible control sobre una clase obrera que recibía de ella educación societaria y dirección política. Limpieza de orígenes, fidelidad a lo que fue, sacrificio, prestigio, control, educación, disciplina, dirección; conceptos todos que, en su continua repetición en los documentos emanados de la UGT —sea cual fuere su grupo dirigente—, compendían una manera de ser y de hacer, un específico modelo sindical».37

Parece que Muiño no iba muy desencaminado al preguntarse si podría dejar de existir todo ese prestigio de la UGT, aquella conducta irreprochable del movimiento sindical español que acompañó el cambio de régimen, sin que cayera una sola gota de sangre, con total respeto a la persona del Rey y su familia, esa organización tan minuciosa, natural y transparente. Parece ser que casi cuarenta años de falta de ejercicio democrático iban a pesar en la recuperación de la centenaria organización.

No se equivoca en cuanto a alimentar estos temores, pero la explicación de los mismos parece un tanto subjetiva. No se trataba de una conspiración de unas cuántas personas más o menos ambiciosas o políticamente equivocadas; era el alud del momento. El descaro de la nueva generación, y de sus nuevos paradigmas o la carencia de ellos. También, por qué no decirlo, del desconocimiento de cómo una organización democrática dispara con fuego real. Era más fácil justificar el «todo vale», porque no se conocían bien las reglas del juego. El cambio de guardia, en vez de ordenado, se planteaba entonces como una lucha de guerrillas. Las fichas se colocaban desordenadas en el tablero.

Es evidente que Muiño no ve el ímpetu con el que llega una nueva generación y un nuevo oleaje regenerativo. Andrés Saborit diría que lo que se aproximaba no se parecería en absoluto a lo que ellos conocieron:

«Muchos de estos jóvenes creen que la breva está madura y que solo hace falta darle el último golpe de vara para poder cosecharla. Pero se engañan: ¡el socialismo que viene será café con leche; más leche que café!».38

Esa ola que venía nuevamente eufórica tenía poca conexión intelectual con la historia. El presente es la tarea y venía como un tsunami, destruyéndolo todo, negándolo todo. Volvíamos a lo que aprendimos de Karl Marx y de Hegel: a la negación de la negación.

«Durante el Congreso he pasado unos momentos muy difíciles, pues aunque he dicho unas cuantas verdades y me he mantenido en la posición que correspondía a mis años de militante y a mi trayectoria, no he querido, y dude mucho, llegar a la declaración que merecía los actuales miembros de la Comisión Ejecutiva del interior, pues son los mismos que había ya cuando el Congreso del Partido. Y no lo he hecho porque estando como estaban los delegados de las organizaciones hermanas de otros países y de varias organizaciones de industria, si yo me hubiera lanzado a decirles que desde que tomaron posesión de sus cargos nos han estado engañando con informaciones falsas y contradictorias, todo se hubiera venido abajo; además, todos, incluidos nosotros, hubiéramos quedado en muy mal lugar.

»Como se ha producido dentro y fuera de España entre nuestros compañeros una reacción importante, contraria a toda colaboración con los comunistas, los promotores de esta colaboración hacen resaltar que no trata de entenderse directamente con ese partido, puesto que en el acuerdo de la UGT se prohíbe todo entendimiento bilateral con el PCE, pero esta nueva forma de la maniobra emprendida antes de agosto y que se prosigue, no engaña a nadie, pues en la «unión de las fuerzas antifranquistas», sin otra aclaración, está la puerta para que el PCE entre, y no solamente entre, sino que se convierte en el astro mayor convirtiéndole a los demás, naturalmente al PSOE y a la UGT, en satélites.

»Pero yo no me descorazono, porque recordando la carta de Santiago a su padre Wenceslao, en 1939, y viendo el panorama español del ciudadano medio de hoy, y conociendo lo que conozco de la situación actual de España, llego a la conclusión firme de que en España, en el futuro inmediato, y ya desde ahora, hay mucho más ambiente socialista que comunista, aunque el PCE tenga muchos medios y una organización más estructurada y disciplinada —eso no es extraño— que la nuestra».39

Siendo como había sido Julián Besteiro, el profesor de Lógica, maestro y guía de Muiño, está claro que con la obcecación del momento había olvidado aquel profundo análisis de Besteiro en su discurso de recepción como miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas sobre el marxismo y la crítica del marxismo, en 1935, pocos años antes del desastre colectivo. Lo que allí dijo podría aplicarse perfectamente para el análisis de la situación del presente.

«La juventud española de hoy difiere profundamente de la juventud española de hace veinte años; la actitud de la mujer ante nuestra sociedad ha experimentado transformaciones igualmente importantes; y estos cambios de actitud de la juventud masculina y femenina han alterado también el equilibrio de la vida familiar. Padres de familia hay hoy que, después de haber acreditado durante largos años virtudes de equilibrio, de mesura y de prudencia, nos sorprenden un buen día aceptando normas morales nuevas o adoptando actitudes políticas, de derecha o de izquierda, que no hace mucho tiempo hubiesen sido juzgadas por la misma juventud como arriesgados e insólitos atrevimientos.

»Este carácter biológico, emocional, pasional, es el que hace aparecer al fascismo como una nueva forma de romanticismo que, como el romanticismo del siglo XIX, al exaltar el desarrollo del sentimentalismo y de la pasión, llega a dotar de una valoración estética a las formas más violentas de la emotividad y abre un camino seguro a los éxitos inmediatos y fáciles de una propaganda literaria y de acción que no reconoce trabas ni límites al desenfreno ni en la Lógica, ni en la Estética, ni en la Moral. El grito pasional de rebeldía del romanticismo del siglo XIX, lo mismo que el del anarquismo, o del fascismo, podrán, con un sentido historicista, restaurar el pasado, o podrán exigir la demolición absoluta de lo existente con todo su lastre tradicional; en ambos casos, como gritos de rebeldía exacerbada contra lo existente, no podrán menos de encontrar un eco simpático en la multitud de almas torturadas por las imperfecciones del régimen social; de las almas que, a pesar de los progresos científicos de nuestra época, no se hallan aun suficientemente inmunizadas contra esa especie de contagios psicológicos, impropios de las posibilidades, ya que no de las realidades, de la humanidad actual, pero que engendran verdaderos estados de alucinación y de delirio colectivos, semejantes a los que se produjeron en algunos momentos de los siglos medios y cuya naturaleza, en las circunstancias normales de la vida moderna, nos cuesta mucho trabajo concebir».40

El ser humano

Muiño de carne y hueso también existe y se hace más notable precisamente en su vejez, ya que su infancia fue tan dura. Vive en Toulouse, retirado con su mujer, en un «hogar modesto, pero feliz», aunque pasando estrecheces:

«Muchas gracias por su interés por mi situación. Yo estoy en el retiro oficial de la Seguridad Social, y como la UGT no cotizó —no tenía fondos en los primeros años del exilio—, hemos perdido los derechos inherentes a esos años, por tanto mi retiro es alrededor de cuatrocientos francos nuevos por mes y mi mujer va a pedir -ha comenzado ya las gestiones- para tener el año próximo su retiro que será aproximadamente lo mismo que yo, con lo cual tenemos que apretar —ya hemos comenzado— el cinturón. Yo estoy tratando de encontrar algún trabajo retribuido a media jornada, pero no es fácil: porque hay muchos retirados franceses que se ofrecen para lo mismo y ellos tienen más posibilidad sobre mí porque, en los dos casos que me he presentado a unas ofertas que leí, en cuanto me preguntaron la fecha de nacimiento y les dije que el 27 de septiembre de 1897, me dijeron que me avisarían con lo que decidieran, pero no he recibido respuesta. Pero espero que nos defenderemos para seguir saliendo adelante. Gracias, Anastasio, por su gesto».41

Manuel Muiño fue un hombre que sufrió muchas tribulaciones familiares: por la enfermedad de su primera mujer y por la temprana muerte de su hijo Antonio. Luego la criminal represión franquista: su yerno Emilio Salgado Moreira, tras la guerra se salvó de la pena de muerte y salió de la cárcel, en 1944; miembro de la segunda Ejecutiva de la UGT en la clandestinidad, volvió a ser encarcelado en 1947, hasta 1961. Otro yerno, Mariano Redondo Martín, que estuvo también en la cárcel hasta 1943, se casaría con Paz, una de las cuatro hijas de Muiño, y ambos vivirían una rocambolesca existencia plena de persecuciones políticas en países hispanoamericanos donde se trasladarían durante varios años. Redondo era hijo de Cayetano Redondo Aceña, tipógrafo y periodista, que fue director de El Trabajo y de La Edificación, órganos de las organizaciones ugetistas de albañiles de Madrid, y de otras publicaciones socialistas. Desde noviembre de 1936 a abril de 1937 fue alcalde de Madrid. Al final de la guerra fue encarcelado y, en 1940, fusilado por los franquistas.42

En su retiro, Muiño solo conserva el cargo de presidente del Ateneo Español de Toulouse y tiene tiempo ahora de encontrarse con los amigos, como le escribe a Anastasio de Gracia:

«Contesto su carta del 2 del actual. Siento que la salud de Vd. no sea tan brillante como conviene para una vida tan normal como la suya. Vd. no es hombre de vicios, como lo soy yo, vicios menores —y corrientes si Vd. quiere—, como son el de fumar, pues sigo fumando la pipa, pitillos y, cuando me los regalan, cigarros puros; vicio como cuando con los amigos vamos el domingo a un bar —las tabernas ahora ya perdieron el nombre y su ambiente, en Francia más que en España—; vicios al fin. Pero tengo —excepto en el fumar— el sentido de la limitación, y cuando “alterno“ el domingo con amigos, que son casi todos correligionarios, a tomarnos unas “copas“, que decíamos en Madrid —tres o, a lo sumo, cuatro por barba— y después de hablar de nuestras cosas, nos vamos a nuestras casas. Algunos domingos, en compañía de nuestras respectivas esposas, que ellas son más sobrias que nosotros, pues con un jugo de frutas, un aperitivo o una cerveza, tienen bastante. Eso que en Madrid, llamábamos “copeo“, y en Bilbao, “chiquiteo”, en Francia lo llaman ”boire un coup”; nosotros lo hacemos tomando unas copas de vino blanco seco antes de comer y nos da un optimismo moderado, y nos permite conversar y cambiar impresiones. Todo ello sin ningún exceso y menos aun sin caer en la repugnancia borracheril que tanto hemos conocido y combatido todos».43

El retorno

Pronto se le pasó el «enfado» al multivalente Muiño. Una vez muerto Franco, creyó que había llegado el momento de volver a España, especialmente, a Madrid. Lo hace en mayo de 1976, poco después del XXX Congreso de la UGT en Madrid44. Se integra en el sector histórico del Partido Socialista Obrero Español donde fue elegido vocal del Comité Nacional en octubre de 1976 y pide su traslado a España como afiliado y cotizante de pleno derecho de UGT. Nada de dividir el sindicalismo socialista; ya está más cerca de la realidad diaria. Viene con otro espíritu distinto, con «optimismo con los pies en el suelo», como titula un artículo publicado en Le Nouveau Socialiste de Toulouse el 15 de marzo de 1976, animando a sus correligionarios a volver a España:

«Hoy la inmensa mayoría del pueblo español mira hacia adelante y olvida lo de atrás, de lo fundamental de la vida política de nuestro país, porque la realidad es que, durante todo el periodo franquista, se ha hecho caso omiso de los ciudadanos y solo una minoría es la que ha dispuesto a su antojo.

»Por lo tanto, los socialistas, los demócratas y todos los amantes del respeto a la persona humana tenemos que darnos cuenta de la realidad de la España de hoy, que no es la de los años 1939 a 1960, principalmente, y que esa realidad nos dicta una conducta de convivencia nacional a la europea, lo que quiere decir, entendimiento para actividades comunes en la diversidad.

»Los socialistas españoles que vivimos en el exilio, ahora que ya salió nuestro partido de la clandestinidad, que por nuestro estado de salud y por nuestra situación familiar podemos trasladar nuestra residencia a España, debemos hacerlo y, por mi parte, como se dice, estoy con el pie en el estribo, y seguro que muchos compañeros también desearían volver a residir en la tierra en que nacieron y no pueden hacerlo, sintiéndolo profundamente, porque cerca de cuarenta años de exilio han minado la salud de muchos, han creado situaciones familiares nuevas y otra serie de realidades que no les permiten regresar definitivamente a España, aunque de vez en cuando, ahora, se pueden «dar una vuelta» por el pueblo en que nacieron.

»En las actuales circunstancias es innegable que España ha vuelto una página de su historia y ha entrado en una nueva etapa en la cual yo creo que muchos otros queremos dejar de ser exiliados y residir en España».

Homenaje póstumo

Una última glosa de este relato, si hubiese espacio, se la dejaríamos a quienes ya lo hicieron el año del fallecimiento de nuestro personaje. Algunos de los muchos amigos de Muiño como Juan Francisco Aguado y José Diosdado Prat García.

Impresionante testimonio el de Aguado: «Las últimas palabras que escuché, que me las dijo en el hospital la tarde de ser operado por última vez, fueron para el Partido. Su idea de unión de todos los socialistas, para él fue obsesiva. Decía: “Aguado, es necesario y urgente hacer la fusión de los dos sectores en los que nunca debió dividirse el Partido”. Él fue el principal motor de este movimiento de unidad que, por desgracia, no pudo ver realizado».45

Y José Prat nos cuenta: «Muiño tenía esa doble formación, la formación de la vida y la formación del mandato constante de su conciencia. No le importó nunca el grado de brillantez de los cargos. Lo que le importaba era el servicio de interés público y el interés del Partido».

También otros, fuera de su esfera ideológica, elogiaron la labor y la personalidad de Muiño. Un ejemplo es el de Manuel Rosón, el último director de El Liberal, que ya se cita en el prólogo de este libro y que José Prats también recuerda en el homenaje a este gran edil. 

«Su recia personalidad, su contagioso entusiasmo, su indomable energía su humilde honesta y leal entrega a los ideales sociales y políticos le convierten en un auténtico símbolo de su partido. El título más honorable, con serlo tantos, de este viejo luchador es sin duda su modesta extracción que raya casi en la humildad que no le permitió cursar otros estudios que los estrictamente elementales».46

Ya en la prensa de Madrid, dada su popularidad soportó algunas críticas en la II República aunque también gozó de muchas simpatías, tal y como muestra este amable comentario aparecido en Heraldo de Madrid:

«Don Manuel Muiño, o el “El Tostado” del Concejo. Una nota que solo puede publicarse en folletín.

»Don Manuel Muiño es uno de los hombres más activos, diligentes e infatigables que pueden hallarse. El tiempo que le dejan libre sus excursiones e incursiones por vuelo, suelo y subsuelo lo emplea en redactar proposiciones. La que hoy nos ha entregado es de tal extensión que si hubiésemos de publicarla íntegra solamente podríamos hacerlo en folletín. Un folletín que duraría tanto por lo menos como “Rocambolo“».

Epílogo

Otro comentario «amable» de la prensa sobre Muiño y su lucha universal, hasta para los últimos asuntos del ser humano: el derecho a una sepultura. ABC nos presenta al ciudadano Manuel Muiño Arroyo como «un español emigrado, que hizo periodismo en Toulouse»; un acierto el de la cabecera, al entregarnos al polifacético Muiño como un periodista al natural, despojado de todo cargo terrenal y unido a un sencillo matrimonio: un hombre y una mujer del pueblo que tienen la idea de aliviar los cementerios de tanta carne fenecida.

«Es una mujer mayor que recuerda a Agatha Christie, con su pelo brillantemente blanco, recogido en una redecilla. Se llama Madeleine Kosman, y su marido era un español emigrado, que hizo periodismo en Toulouse. Se llamaba Manuel Muiño Arroyo, y murió en 1977, sin haber conseguido la legalización de su asociación procrematorio.

»Estaba convencido de la inutilidad de ocupar espacio después de la muerte y, por esta razón, además de estar afiliados a la sociedad crematoria de Toulouse, cuando llegó a España, en compañía de su esposa, juntos iniciaron el proceso para promover entre los españoles la necesidad de las cremaciones.»

»Al morir el señor Muiño, madrileño, de origen gallego, su esposa ha continuado la labor, y el pasado 14 de julio, logró la legalización de la Asociación Crematoria Madalena.

»El objeto, las finalidades que persigue la asociación, son bien específicas: hacer propaganda a favor de la cremación de los muertos, ayudar a las familias o reemplazarlas para las gestiones que necesariamente deben hacerse ante la empresa mixta de servicios funerarios».47

Y es que Manuel Muiño Arroyo todavía no se había ido; sigue profundizando en lo rutinario. Nos hace un guiño desde el reino de los venerables, nos sugiere un instrumento para la digna cremación de nuestras exánimes carnes y de vanaglorias terrenales y nos deja para siempre el regalo de su brillante e industriosa humildad.


Notas:

1 Ante la nueva situación, el gobierno francés decidió abrir oficialmente la frontera para permitir la entrada en Cataluña de parte del nuevo material de guerra ruso amontonado allí desde el verano anterior. Barcelona era una ciudad en pánico. Estaba abarrotada de refugiados y soldados en retirada que solo pensaban en el medio más adecuado para huir a Francia. Las incursiones aéreas eran constantes. 

2 Teresa Sanz cuenta cómo llega a ser ayudante de Muiño: «Cuando mis padres y mis hermanos se marchan para Barcelona yo me quedé sola en Madrid. Un día coincido en un entierro con —José— Díaz Alor, miembro de la Comisión Ejecutiva de UGT. Este me mandó —a una misión— al Sindicato de Viajantes —de Agentes Comerciales y Representantes de Comercio— y, entonces, al fin, me colocaron en Myrurgia —Perfumería—. Pero un día me dicen: “¡Pero, bueno! ¿Tú aquí, en Myrurgia?”. Y me llevaron a la Jefatura con Teodomiro Menéndez y un día, uno de Tetuán —Madrid—, Gerardo Cuadrado, me ve salir y me dice: “Pero ¿qué haces tú aquí, con lo que te necesita Muiño?”. Cuando supo Muiño que ya no estaba en Myrurgia, le dijo un día a mi padre: “¡Tu hija se viene conmigo!”. Y ya me llevó con él y, a partir de ese momento, yo en casa de Muiño, una hija más». Entrevista a Teresa Sanz Yáñez, en Madrid, el 19 de junio de 2007, del Archivo Oral del sindicalismo socialista de la Fundación Francisco Largo Caballero.

3 «Porque mi madre fue muy cobarde. No arrancó como yo la había preparado. Y le dije a Muiño: “¡Yo no puedo dejar a mi madre con seis hijos!”. Y me dijo: “¡No! ¡A tu madre vendrán a buscarla en un coche!”. ¡Pero mi madre, a la hora de arrancar, no arrancó!». Entrevista a Teresa Sanz Yáñez, en Madrid, el 19 de junio de 2007, del Archivo Oral del sindicalismo socialista de la Fundación Francisco Largo Caballero.

4 Paso de material en camiones y trenes a las zonas de concentración que designen las autoridades francesas. Instrucciones del jefe del Estado Mayor Central, Vicente Rojo, para organizar la evacuación del Ejército y población civil a Francia. 5 de febrero de 1939. Archivo Histórico Nacional. Diversos. Vicente Rojo, 25, Exp. II.

5 Cita de Kersher que aparece en el libro TOMAS, Hugh. La Guerra Civil Española. Ruedo Ibérico. París, 1961.

6 «La Casa del Pueblo y sus afiliados, tanto en tiempos de la Dictadura como durante los gobiernos de Berenguer y de Aznar, recibieron trato de excepción. Bastaba que Muiño, Trifón Gómez u otro de la directiva solicitara (…) la libertad de cualquier detenido para que en el acto fueran complacidos». SIMEÓN VIDARTE, Juan: No queríamos al Rey. Grijalbo. Barcelona, 1977.

7 Según Vidarte: “Esta es la versión, totalmente mistificada que da el general Emilio Mola Vidal en sus Memorias. Mola, al proclamarse la II República, era director general de Seguridad cargo del que fue cesado el mismo 14 de abril de 1931 por Miguel Maura, ministro de la Gobernación del Gobierno Provisional republicano. Mola sería una de los generales sublevados y el ideólogo de la «atmósfera de terror» y de «aniquilación» de todos quienes se opusiesen al golpe de estado anti republicano.

8 Indalecio Prieto retornó el 15 de abril de su exilio parisino ya como ministro de Hacienda: «En la estación madrileña al bajar del vagón, unos hombres congestionados y trémulos de entusiasmo, lo toman en hombros sin dejarle poner pie en tierra. (…) Menos mal que un grupo de compañeros socialistas capitaneados por Manuel Muiño, lo rescata para sentarlo en lo alto de la capota de un taxi (…) y al final consigue llegar a la Presidencia del Consejo en el paseo de la Castellana». CABEZAS, Octavio. Indalecio Prieto. Socialista y español. Algaba. Madrid, 2005.

9 FEBRÉS, Xavier. «El indigno recibimiento de los republicanos españoles en Francia cumple 75 años». Eldiario.es. 11 de enero de 2014.

10 Entrevista a Teresa Sanz Yáñez, en Madrid, el 19 de junio de 2007, del Archivo Oral del sindicalismo socialista de la Fundación Francisco Largo Caballero.

11 «Como muchos otros españoles, nuestro padre cruza la frontera a principios de febrero de 1939 por Le Perthus. Un frío terrible, y mientras miles de compatriotas son conducidos al campo de Argelès, según el historiador René Grando, terminará con 43.000 personas. Este campamento no tiene ningún puesto de socorro para los recién llegados. Afortunadamente, nuestro padre ingresó en la Cruz Roja Suiza. En el campo de Argelès-sur-Mer, nuestro padre ya se dio cuenta de que para muchos españoles heridos de guerra, la situación es catastrófica. También se siente obligado a comunicarse con el PSOE y los compañeros de UGT que viven en Toulouse: José Landeras —de Reinosa—, Joaquín Jiménez, Santiago Cuevas, José Montero, Manuel Castillo, José Martín del Castillo, Dámaso Solanas, y otros de Santander que viven en Montauban: Ángel Carreras, los hermanos Careaga y Francisco Do Campo». CALZADA FERNÁNDEZ, Amadeo. «Enfants de la memoire.Traumatismesd’une famille cantabrique». Artículos versionados del francés del libro: ASSOCIACIÓ PER A LA MEMÒRIA HISTÒRICA I DEMOCRÀTICA DEL BAIX LLOBREGAT. Traumas: Niños de la guerra y del exilio. Associació per a la Memòria Històrica i Democràtica del Baix Llobregat, 2010.

12 Decreto Daladier del 12 de abril de 1939 de la Presidencia del Consejo y del Ministerio de Defensa Nacional y de la Guerra. Francia todavía no había sido invadida por la Wehrmacht alemana. 

13 El gobierno progermano del general Petain de Vichy, tras el armisticio, endureciendo las condiciones, normalizaría por Ley del 27 de septiembre 1940 esta compañías que pasan a denominarse Groupements de Travailleurs Étrangers —GTE—, y se convierten en la expresión de una mano de obra forzosa y xenófoba, ampliando su vigencia para las edades de entre 18 y 55 años.

14 CASTRO HERNÁNDEZ, José: Memorias. Camp de Judes —Septfonds—. 1939.

15 SANTOS, Félix. Exiliados y emigrados 1939-1999. Fundación Españoles en el Mundo. Madrid, 1999. Véase también MARTÍNEZ COBO, Carlos. Intrahistoria del PSOE. La primera renovación. Vol 1. Plaza & Janés. Barcelona, 1989.

16 VÁZQUEZ SECO, Francisco. Refraneiro galego e outros materiais de tradición oral. Cuadernos de Fraseoloxía Galega, nº 5. Xunta de Galicia. Santiago de Compostela, 2003.

17 «A raíz de estos acontecimientos, nuestro padre tendrá que destruir muchos documentos que, hoy en día, serían útiles para aprender más sobre la historia». CALZADA FERNÁNDEZ, Amadeo. «Enfants de la memoire.Traumatismes d’une famille cantabrique». ASSOCIACIÓ PER A LA MEMÒRIA HISTÒRICA I DEMOCRÀTICA DEL BAIX LLOBREGAT. Traumas: Niños de la guerra y del exilio. Associació per a la Memòria Històrica i Democràtica del Baix Llobregat, 2010.

18 El Socialista, 16 de noviembre de 1944.

19 El Socialista, 23 de noviembre de 1944.

20 Le Socialiste, 7 de marzo de 1968.

21 Ese diálogo lo mantuvo el autor de este artículo, joven emigrante –madrileño como nuestro personaje– que formaba parte, en aquel congreso, de la delegación de la UGT de Düsseldorf —Alemania—. El resto de emigrantes lo completaban Adolfo Llopis Brave —Düsseldorf— y José Botella —Stuttgart-Esslingen—.

El autor, debido a su tarea dentro del Comité Coordinador de la UGT en Alemania, entre 1965 y 1972 mantuvo la relación epistolar propia para los casos que surgían. Especialmente, en todo lo referente a Solidaridad Democrática Española tratándose de ugetistas y sus familiares en la República Federal y, también con el tesorero de esta organización Miguel Calzada San Miguel cuando se trataba de saldar cuentas por donativos o colectas. En esa colaboración constató la minuciosidad con la que Muiño llevaba esta humanitaria e importante tarea. 

22 Como se ha dicho fue concejal delegado de Vías y Obras desde 1931 a 1936.

23 Conviene enumerar que se informa de los siguientes secretariados: abogados: Miguel Armentia Juvete; funcionarios, empleados y obreros municipales: Juan Francisco Gómez; Enseñanza —FETE—: Ricardo H. Alvariño; Comunicaciones, Correos, Telégrafos y Teléfonos: Benito Alonso; Sanidad: Laureano Lasa; Hielo Cervezas y Gaseosas: Domingo Imaz; Ferroviarios y Transportes: Antonio Hernández Vizcaíno; Trabajadores de la Tierra: Ruperto Rodelgo; Mineros: Emilio Iglesias, José Mata y Teodoro Gómez. UGT: Memoria que presenta la Comisión Ejecutiva al Décimo Congreso en el exilio. Toulouse, 1, 2, 3 y 4 de agosto de 1968.

24 El Secretariado Profesional de Edificación y Madera, creado en agosto de 1945, era la organización que agrupaba a los trabajadores exiliados del ramo de la Construcción, Madera y Obras Públicas, continuación en el exilio de la Federación Nacional de la Edificación. Dirigido por Manuel Muiño Arroyo desde su constitución, se encargó de representar a sus afiliados y a los miembros de la organización clandestina ante la Unión y ante las organizaciones internacionales de las que formó parte. Reconocido por la Federación Internacional de Trabajadores de la Construcción y la Madera —FITBB— desde 1963, participó en todos sus congresos y estableció relaciones con las federaciones de la construcción de los principales sindicatos europeos. UGT: Memoria que presenta la Comisión Ejecutiva al Décimo Congreso en el exilio. Toulouse, 1, 2, 3 y 4 de agosto de 1968.

25 Falta el informe de la labor del Secretariado Siderometalúrgico, aunque la omisión posiblemente se deba no al defecto sino al estallido de actividades y conflictos en esta industria en el interior de España. El trabajo dentro de la Federación Internacional de Trabajadores de las Industrias Metalúrgicas —FITIM—, aunque crítico es casi diario: son precisamente militantes metalúrgicos del interior de España quienes tienen el protagonismo, en ese momento, el sector industrial más conflictivo por sus grandes empresas. Y la represión del franquismo está ahora especialmente dirigida y concentrada contra los mineros y los trabajadores del metal. En el informe está prácticamente implícito todo el trabajo de la clandestinidad del que no es prudente informar con nombres y apellidos en una memoria escrita. Ya había demasiados metalúrgicos procesados y deportados. En el XXI Congreso de la FITIM, que por ser el 75 aniversario de esta organización internacional se celebra en Zurich del 27 al 31 de mayo de 1968, la Federación Siderometalúrgica de UGT está representada, precisamente, por tres compañeros de la clandestinidad.

26 Carta escrita por Manuel Garnacho Villarrubia desde Grenoble, fechada el 6 de mayo de 1969. Archivo de la Fundación Francisco Largo Caballero.

27 Entre los 53 metalúrgicos encarcelados y desterrados más destacados están los ugetistas Ramón Rubial, Eduardo López  Albizu, «Lalo» y su esposa Begoña Álvarez, y Nicolás Redondo Urbieta. El número de obreros detenidos y procesados se cuenta por cientos. UGT: Memoria presentada al Décimo Congreso en el exilio de la UGT. Toulouse, 1, 2, 3 y 4 de agosto de 1968.

28 Harm Geert Buiter, secretario general de la CIOSL. (1967-1971).

29 Entre 1 de enero de 1965 y el 31 diciembre de 1967, los ingresos por varios conceptos, cotizaciones y donativos ascendieron a 365.365,70 francos franceses. UGT: Memoria que presenta la Comisión Ejecutiva al Décimo Congreso en el exilio. Toulouse, 1, 2,3 y 4 de agosto de 1968.

30 El Noveno Congreso de la CIOSL se celebró en Bruselas del 2 al 8 de julio de 1969. UGT estuvo representado por Manuel Muiño Arroyo, secretario general y Rodolfo Llopis Ferrándiz, presidente. Le Socialiste, 31 de julio de 1969.

31 Entrevista a José María Martínez Cobo, en Toulouse —Francia—, el 3 de julio de 2007. Archivo Oral del sindicalismo socialista de la Fundación Francisco Largo Caballero.

32 Paulino Barrabés Ferrer, José Barreiro García, Antonio García Duarte Arsenio Jimeno Velilla, vocales dimisionarios, son quienes fundamentan la renuncia a sus cargos en el anquilosamiento de la Comisión Ejecutiva de 1968 que, tras la dimisión de Pascual Tomás, y el procedimiento de su sustitución sin contar con la UGT de la clandestinidad, bloqueaba la necesaria renovación lo que, dentro de España, haría aumentar todavía más la desconfianza ante los dirigentes de la UGT en el exilio.

33 Servicio de Prensa del IG Metall: 25 de octubre de 1971. Hemeroteca de la Fundación Anastasio de Gracia-FITEL.

34 Carta de Manuel Muiño Arroyo a Anastasio de Gracia Villarubia, fechada el 10 de diciembre de 1971. CDMH, GARCIA CARDEÑO, SO/14 FLC.

35 URÍA FERNÁNDEZ. Anastasio de Gracia Villarrubia (1890-1981). Fundación Anastasio de Gracia-FITEL. Madrid, 2011.

36 Carta de Manuel Muiño Arroyo a Anastasio de Gracia Villarrubia, fechada el 15 de noviembre de 1971. CDMH, GARCIA CARDEÑO, SO/14 FLC.

37 JULIÁ DÍAZ, Santos. La UGT de Madrid en los años treinta: un sindicalismo de gestión. Reis: Revista española de investigaciones sociológicas. Nº 20. 1982.

38 Discurso conmemorativo del 14 de abril pronunciado en Lieja, por Andrés Saborit, en abril de 1966.

39 Carta de Manuel Muiño Arroyo a Anastasio de Gracia Villarrubia, fechada el 14 de enero de 1972. CDMH, GARCIA CARDEÑO. SO/14 FLC.

40 BESTEIRO, Julián. Marxismo y antimarxismo. Editorial Pablo Iglesias. México, 1966.

41 Carta de Manuel Muiño Arroyo a Anastasio de Gracia Villarrubia, fechada el 15 de noviembre de 1971. CDMH, GARCIA CARDEÑO, SO/14 FLC.

42 El Socialista, 4 de mayo de 1961. MARTÍN NÁJERA, Aurelio. El grupo parlamentario socialista en la Segunda República: estructura y funcionamiento. Editorial Pablo Iglesias. Madrid, 2000.

43 Carta de Manuel Muiño Arroyo a Anastasio de Gracia Villarrubia, fechada el 10 de diciembre de 1971. CDMH, GARCIA CARDEÑO, SO/14 FLC.

44 Retornaba la libertad. En, la actual sede de la agencia de noticias Servimedia donde estuvo el restaurante Biarritz en el madrileño barrio obrero de Tetuán hay colocada una placa conmemorativa del XXX Congreso Confederal de UGT, el primero celebrado en España. El evento tuvo lugar el 15 de abril de 1976, aún en situación de ilegalidad para el movimiento sindical, tolerado por el gobierno de Carlos Arias Navarro como «jornadas sociolaborales». La prensa española informó tímidamente del acontecimiento, mientras que medios de Europa, de América Latina y de EE.UU abrían la información política internacional, destacando que desde el final de la Guerra Civil española se celebrase el primer congreso de la Unión General de Trabajadores en España con una nutrida representación de representantes sindicales internacionales. Servicio de Prensa del IG Metall,
26 de abril y 3 de mayo de 1976. Hemeroteca de la Fundación Anastasio de Gracia-FITEL.

45 Velada homenaje en honor de Manuel Muíño, socialista y ugetista madrileño. Sede de la Fundación Pablo Iglesias. 19 de mayo de 1972.

46 José Prat Diosdado cita de memoria unas manifestaciones de Manuel Rosón Ayuso. Este periodista, después de la guerra, fue depurado como funcionario municipal y se dedicó a la crónica deportiva en Gol, Marca y Hoja del Lunes. En 1980, Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid le entregó la medalla de plata de la Villa.

47 Heraldo de Madrid, 30 de junio de 1934.

Fuentes primarias, documentales y bibliográficas

Fuentes primarias

Archivos y bibliotecas públicas:

Archivo Histórico Nacional

Archivo de Villa 

Biblioteca Nacional de España

Centro Documental de la Memoria Histórica

Archivos privados:

Fundación Anastasio de Gracia-FITEL

Fundación Francisco Largo Caballero

Fundación Pablo Iglesias

Fuentes orales

Entrevistas:

Entrevista a María Teresa Sanz Yáñez realizada por Juan Carlos Collado Jiménez.

Fuentes bibliográficas

Publicaciones periódicas:

ABC

Boletín de la Unión General de Trabajadores

Boletín Oficial del Estado

Crónica Madrileña

El Diario

El Imparcial

El Liberal

El País

El Socialista

El Sol

El Trabajo

Heraldo de Madrid 

La Edificación

La Vanguardia

La Voz

Le Noveau Socialiste

Le Socialiste

Nuevo Mundo

Servicio de Prensa de IG Metall

Artículos:

FERNÁNDEZ, Dolores. Fuentes para el estudio del exilio republicano español en Francia. Migraciones y Exilios. Cuadernos de la Asociación para el estudio de los exilios y migraciones ibéricos contemporáneos. Nº 8- 2007.  

JULIÁ DÍAZ, Santos. «La UGT de Madrid en los años treinta: un sindicalismo de gestión». Reis: Revista española de investigaciones sociológicas. Nº 20. 1982.

Monografías:

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BESTEIRO, Julián. Marxismo y antimarxismo. Editorial Pablo Iglesias. México, 1966.

BLAS ZABALETA, Patricio de y BLAS MARTÍN-MERAS, Eva. Una biografía de Julián Besteiro. Algaba. Madrid, 2002.

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Manuel Muiño Arroyo
(1897-1977)